365 Pehuajó

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Mo.Ve.A pidió que “se fije una importante zona de exclusión a las fumigaciones”

Mo.Ve.A (Movimiento de vecinos autoconvocados por un ambiente saludable, se manifestaron en la tarde de ayer en la Plaza Dardo Rocha, en consonancia con la movilización que tuvo lugar en distintos puntos del país en reclamo a medidas que se llevan adelante para la explotación del medio ambiente.

En el distrito de Pehuajó, Mo.Ve.A, reclama que “se lleve adelante una ordenanza que aleje las aplicaciones con agrotóxicos cercanas a las  poblaciones y escuelas. Que se fije una importante zona de exclusión a las fumigaciones para minimizar el impacto en la salud de las poblaciones. Y que se fomente otras formas de producción más saludables como la agroecologia”.

Documento común Acción Plurinacional 11 de octubre

Este día se cumple un nuevo aniversario de uno de los acontecimientos más controversiales de la historia de la humanidad. El 12 de octubre de 1492, tras el arribo de los colonizadores europeos a nuestro continente, considerado a primera vista como un paraíso terrenal, comenzó el saqueo, la destrucción y el genocidio de los pueblos originarios que hicieron frente a ese primer choque, cambiando aquel sentido de lo sagrado por el peso de lo económico. Tan pronto como tuvo lugar el primer acto de extractivismo en nuestros cuerpos y territorios, paralelamente creció la resistencia de los pobladores ancestrales. Actualmente, seguimos enfrentando este genocidio prolongadamente silenciado no sólo en defensa del territorio que habitamos, sino también de una cosmovisión en la que la Tierra no es considerada una propiedad privada. Allí donde unos intrusos vieron recursos naturales ilimitados, los pueblos originarios sabíamos que era la fuente de toda existencia. Sin embargo, a pesar de la resistencia, el proceso de agotamiento de la Naturaleza y las masacres ya no se detendrían.

Lo mismo dan conquistadores, virreinatos, estados democráticos, dictadores, multinacionales; a la hora del gobierno, todos y cada uno de ellos han hecho de nuestro suelo una cantera apta para la explotación y el ultraje, para la acumulación de riquezas que nada tienen que ver con la vida y el bienestar de todes y cada uno de los seres habitantes del continente y el planeta.

Al día de hoy, nos encontramos muy cerca de llegar a un punto de no retorno. El sistema mercantilista y el poder de las grandes compañías trasnacionales no sólo están llevando a la pérdida irreparable de la biodiversidad planetaria y la destrucción irreversible de los ecosistemas, sino que también se ha convertido en un riesgo extremo para la pluralidad de las culturas. Las pruebas de todo esto están a la vista, ya no pueden ocultarse, y los cambios tan drásticos que la actividad humana está provocando vuelven incompatible la supervivencia de la especie humana en el planeta.

La desenfrenada carrera del poder mundial hacia un modelo de control económico capitalista engendró y nos obligó a integrar sociedades de consumo desmedido y absurdo a costa de enfermedad y muerte. La megaminería, el modelo industrial del agronegocio con su paquete biotecnológico de manipulación genética, el uso de agrotóxicos. La deforestación, endicamientos, quemas de humedales y bosques, contaminación de las aguas, emisión de gases de efecto invernadero, quema de combustibles fósiles, desinversión en proyectos de energías renovables, basurales a cielo abierto, calentamiento global, deshielo, depredación, extinción de especies animales y vegetales, desertificación, eliminación de ecosistemas de regulación climática. La reducción exponencial de la biodiversidad, la distribución desigual de la riqueza, hambre y miseria, hacinamiento. La elevada exposición a propagaciones de virus, la falta de vivienda y trabajo, la represión y violación de los derechos humanos. Estas son algunas de las causas y consecuencias de este modelo de producción basado en el saqueo y la destrucción que padecemos cotidianamente en cada uno de los rincones del mundo. Todas estas actividades sistemáticas son parte de un plan maestro para el Abya Yala firmado sin consulta pública previa y a espalda de los pueblos. Por eso, denunciamos al plan IIRSA ahora denominado Cosiplan, proyecto continental basado en el saqueo de los bienes naturales; así como también responsabilizamos a los diferentes gobiernos cómplices que crean las leyes e infraestructura para llevarlo a cabo.

Para esta fecha nos reunimos en distintos puntos del Abya Yala, de afrolatinoamérica, en medio de una pandemia que nos aísla y nos impide juntarnos. Hemos decidido sumar nuestras fuerzas y aunar nuestras voces contra el terricidio que día a día nos va quitando la oportunidad de un futuro en armonía con la Naturaleza, a la cual pertenecemos. Conmemoramos aquel 11 de octubre de 1492 como nuestro último día de libertad, en la víspera del comienzo de una dignísima resistencia ancestral que continúa hasta nuestros días y de la que, humildemente, nos consideramos continuadores.

Esta Acción Plurinacional por la Vida y los Territorios es un llamado de atención para quienes gobiernan, para que entiendan definitivamente que debemos construir un futuro inmediato sin más extractivismo, desde la participación activa de las comunidades en su conjunto. Exigimos a cada una de las esferas políticas que tomen las medidas pertinentes para incluir el accionar predominante de la sociedad y las comunidades en la toma de decisiones necesarias para garantizar la sustentabilidad, sin redundar en el discurso vacío de siempre, ya que los juramentos en público no se condicen en absoluto con sus políticas concretas.

Estamos convencides que el único plan de políticas ambientales que realmente puede ser digno de proteger la Pachamama y de comenzar a restaurar el daño cometido contra Ella sólo podrá concretarse si contempla, como medida primordial, ponerle freno a este modelo productivo depredador y feroz que sólo promete el exterminio de innumerables formas de cultura, de la vida natural y de nuestra especie humana. No permitiremos que la salida a esta crisis económica se realice a costa de la destrucción de la Naturaleza, la Pachamama, en su sentido integral. Ese es nuestro objetivo común.

Todo esto implica, claro está, reconsiderar algunas decisiones y desarticular algunos acuerdos que firmaron los gobiernos y dejar de violar las leyes que protegen los derechos de los pueblos y el ambiente. Solo para dar algunos ejemplos, desde marzo y en plena cuarentena, actividades como la megaminería, la forestal y las fumigaciones fueron declaradas como esenciales para poder seguir operando. Se han bajado los impuestos a la importación de insumos para la fabricación de agrotóxicos, se ha aprobado el Plan AgTech para el sector agropecuario, el AgOne de Bill Gates para monocultivizar la tierra y acaparar las semillas; se han aprobado más eventos transgénicos incluyendo a un alimento fundamental como la papa; se está por firmar un acuerdo con China que sacrificaría 25 territorios, instalando en ellos megafactorías de cerdos a riesgo de nuevas pandemias y perpetuando la crueldad animal, mientras el hambre se profundiza en comunidades locales; se ha permitido que los grandes desarrolladores inmobiliarios y empresarios del agronegocio provoquen incendios en bosques nativos y humedales, causando daños inéditos e irreparables, que nos han dejado en llamas mientras quienes tienen verdadera responsabilidad -política y material- aún no han recibido el merecido repudio y castigo. Entre estas y otras tantas cosas, los gobiernos han acordado también profundizar la explotación ya existente de nuestras montañas, humedales y salares a través de la megaminería. Y siguen negociando y acordado pagar, la deuda eterna, sin investigación previa para repudiar y no pagar lo que los pueblos y la Naturaleza no debemos; una deuda ilegítima, ilegal y odiosa, contraida para promover este sistema de saqueo y muerte y cuyo pago se realiza profundizando el extractivismo.

Por esto y mucho más nos organizamos, porque no podemos seguir esperando que otros decidan cuándo es conveniente hablar sobre el cuidado de la Tierra. Ya aprendimos que las promesas no nos devuelven nuestros ríos, nuestra agua pura, bosques, selvas y ecosistemas enteros; así como tampoco curan las heridas que las represiones provocan en nuestras hermanas, hermanos, hermanes, por resistir tantos atropellos. Aquí, en el monte, en la montaña, en la pampa profunda, en las ciudades y a lo largo y ancho de todo un territorio sacrificado, las comunidades y organizaciones socioambientales jamás hemos dejado de sentir los duros golpes de las políticas extractivistas, que no solo explotan los suelos, sino que arrasan con los territorios en los que abundan vida y culturas, historia y saber popular.

Una vez más y definitivamente, por la Vida y el Territorio, decimos: no hay plan ambiental o económico que pueda considerarse serio o verdadero si no implica un freno al extractivismo.

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